Drácula
Drácula —¡Ah, muy bien! —dijo—. Déjela entrar, sea como sea; pero espere un minuto, hasta que ponga en orden el lugar.
Su método de ordenar la habitación era muy peculiar.
Simplemente se tragó todas las moscas y arañas que habÃa en las cajas, antes de que pudiera impedÃrselo. Era obvio que temÃa o estaba celoso de cualquier interferencia.
Cuando hubo concluido su desagradable tarea, dijo amablemente:
—Haga pasar a la dama.
Y se sentó sobre el borde de su cama con la cabeza inclinada hacia abajo; pero con los párpados alzados, para poder ver a la dama en cuanto entrara en la habitación.
Por espacio de un momento estuve pensando que quizá tuviera intenciones homicidas.
Recordaba lo tranquilo que habÃa estado poco antes de atacarme en mi propio estudio, y me mantuve en un lugar tal que pudiera sujetarlo inmediatamente si intentaba saltar sobre ella.