Drácula
Drácula —Pero, ¿por qué no?
Pensé que aquel estilo de conversación no podÃa ser más agradable para la señora Harker que lo que lo era para mÃ. Por consiguiente, intervine:
—¿Cómo sabe usted que deseaba casarme?
Su respuesta fue profundamente desdeñosa y la dio en una pausa en que apartó sus ojos de la señora Harker y posó su mirada en mÃ, para volverla a fijar inmediatamente después en la dama.
—¡Qué pregunta tan estúpida!
—Yo no lo creo asà en absoluto, señor Renfield —le dijo la señora Harker, defendiéndome.
Renfield le habló entonces con tanta cortesÃa y respeto como desdén habÃa mostrado hacia mà unos instantes antes.
—Estoy seguro de que usted comprenderá, señora Harker, que cuando un hombre es tan querido y honrado como nuestro anfitrión, todo lo relativo a él resulta interesante en nuestra pequeña comunidad. El doctor Seward es querido no solamente por sus servidores y sus amigos, sino también por sus pacientes, que, puesto que muchos de ellos tienen cierto desequilibrio mental, están en condiciones de distorsionar ciertas causas y efectos. Puesto que yo mismo he sido un paciente de un asilo de alienados, no puedo dejar de notar que las tendencias mitómanas de algunos de los asilados conducen hacia errores de non causa e ignoratio elenchi.