Drácula
Drácula Me tomó del brazo y entramos en el siguiente cuarto, donde encontré una excelente cena ya dispuesta sobre la mesa. Nuevamente el conde se disculpó, ya que habÃa cenado durante el tiempo que habÃa estado fuera de casa. Pero al igual que la noche anterior, se sentó y charló mientras yo comÃa. Después de cenar yo fumé, e igual a la noche previa, el conde se quedó conmigo, charlando y haciendo preguntas sobre todos los posibles temas, hora tras hora. Yo sentà que ya se estaba haciendo muy tarde, pero no dije nada, pues me sentÃa con la obligación de satisfacer los deseos de mi anfitrión en cualquier forma posible. No me sentÃa soñoliento, ya que la larga noche de sueño del dÃa anterior me habÃa fortalecido; pero no pude evitar experimentar ese escalofrÃo que lo sobrecoge a uno con la llegada de la aurora, que es a su manera, el cambio de marea. Dicen que la gente que está agonizando muere generalmente con el cambio de la aurora o con el cambio de la marea; y cualquiera que haya estado cansado y obligado a mantenerse en su puesto, ha experimentado este cambio en la atmósfera y puede creerlo. De pronto, escuchamos el cántico de un gallo, llegando con sobrenatural estridencia a través de la clara mañana; el conde Drácula saltó sobre sus pies, y dijo: