Drácula
Drácula Desperté en mi propia cama. Si es que no ha sido todo un sueño, el conde me debe de haber traÃdo en brazos hasta aquÃ. Traté de explicarme el suceso, pero no pude llegar a ningún resultado claro. Para estar seguro, habÃa ciertas pequeñas evidencias, tales como que mi ropa estaba doblada y arreglada de manera extraña. Mi reloj no tenÃa cuerda, y yo estoy rigurosamente acostumbrado a darle cuerda como última cosa antes de acostarme, y otros detalles parecidos. Pero todas estas cosas no son ninguna prueba definitiva, pues pueden ser evidencias de que mi mente no estaba en su estado normal, y, por una u otra causa, la verdad es que habÃa estado muy excitado. Tengo que observar para probar. De una cosa me alegro: si fue el conde el que me trajo hasta aquà y me desvistió, debe haberlo hecho todo deprisa, pues mis bolsillos estaban intactos. Estoy seguro de que este diario hubiera sido para él un misterio que no hubiera soportado. Se lo habrÃa llevado o lo habrÃa destruido. Al mirar en torno de este cuarto, aunque ha sido tan intimidante para mÃ, veo que es ahora una especie de santuario, pues nada puede ser más terrible que esas monstruosas mujeres que estaban allà —están esperando para chuparme la sangre.
