Drácula
Drácula 18 de mayo. He estado otra vez abajo para echar otra mirada al cuarto aprovechando la luz del dÃa, pues debo saber la verdad. Cuando llegué a la puerta al final de las gradas la encontré cerrada. HabÃa sido empujada con tal fuerza contra el batiente, que parte de la madera se habÃa astillado. Pude ver que el cerrojo de la puerta no se habÃa corrido, pero la puerta se encuentra atrancada por el lado de adentro. Temo que no haya sido un sueño, y debo actuar de acuerdo con esta suposición.
19 de mayo. Es seguro que estoy en las redes. Anoche el conde me pidió, en el más suave de los tonos, que escribiera tres cartas: una diciendo que mi trabajo aquà ya casi habÃa terminado, y que saldrÃa para casa dentro de unos dÃas; otra diciendo que salÃa a la mañana siguiente de que escribÃa la carta, y una tercera afirmando que habÃa dejado el castillo y habÃa llegado a Bistritz. De buena gana hubiese protestado, pero sentà que en el actual estado de las cosas serÃa una locura tener un altercado con el conde, debido a que me encuentro absolutamente en su poder; y negarme hubiera sido despertar sus sospechas y excitar su cólera. Él sabe que yo sé demasiado, y que no debo vivir, pues serÃa peligroso para él; mi única probabilidad radica en prolongar mis oportunidades.