La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —Yo no lo considero de ese modo, Daw —dije amablemente al advertir la valentÃa y la honradez de aquel hombre—. Me alegro de que me haya usted hablado con franqueza. Los dos necesitamos averiguar la verdad, y hay tantas cosas extrañas en este caso, que tal vez sólo consigamos descubrir en qué dirección se halla oculta la verdad.
El sargento dijo con tono de gratitud:
—Creo, por consiguiente, que cualquier idea o pista que pueda conducirnos a la obtención de una prueba o sirva para incrementar nuestras sospechas en un sentido u otro, debemos…
En ese momento se abrió la puerta y entró la señorita Trelawny. Al vernos, se apresuró a decir:
—¡Oh, dispensen! No sabÃa que estaban aquÃ.
—Entre, por favor —dije—. El sargento Daw y yo nos dedicábamos a repasar los hechos, sencillamente.
Mientras ella titubeaba ante la puerta apareció la señora Grant.
—Acaba de llegar el doctor Winchester, señorita —anunció—, y pregunta por usted.
Yo obedecà a la mirada de la joven y salimos juntos de la habitación.