La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —No estoy autorizado a mencionar nada acerca de mi misión, ni indicar dónde la realicé, qué buscaba o cualquier otro detalle relacionado con ella. Todo eso será objeto de una conversación privada entre el señor Trelawny y yo, pues él me ha recomendando que guarde un silencio absoluto. —Hizo una pausa, al parecer muy turbado, y prosiguió—: ¿Está usted segura, señorita Trelawny, de que su padre no puede recibirme hoy?
Ella se mostró extrañada por un instante, y luego, con tono resuelto, contestó:
—Venga y compruébelo con sus propios ojos. —Y se dirigió hacia el dormitorio de su padre, seguida del señor Corbeck y de mÃ.
Corbeck entró en la habitación del enfermo como si ya la conociera. A pesar de su ansiedad por ver a su amigo, miró alrededor antes de fijar su atención en el lecho. Lo observé atentamente, pues creà adivinar que de aquel hombre dependÃa gran parte de la resolución del misterio.