La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —No puedo darle ningún detalle —respondió el señor Corbeck, en un esfuerzo por serenarse—. La misión, en la cual empleé tres años, ha sido un éxito. Encontré todo lo que buscaba. Lo traje conmigo. Eran tesoros incalculables, sobre todo para él, pues fue por su deseo, y siguiendo sus instrucciones, que fui a buscarlo. Ayer llegué a Londres, y al despertar esta mañana descubrí que mis tesoros habían sido robados misteriosamente. Nadie en la capital sabía de mi llegada. Sólo yo conocía el contenido de mi desgastado maletín. Mi habitación tenía una sola puerta, y estaba cerrada y atrancada. Se hallaba en una planta alta de la casa, la quinta, de manera que entrar por la ventana era del todo imposible. Además, yo mismo la había cerrado perfectamente, y esta mañana comprobé que el pestillo no había sido tocado. Sin embargo, mi maletín estaba vacío. ¡Las lámparas habían desaparecido! Fui a Egipto en busca de una serie de lámparas antiguas que el señor Trelawny deseaba. Después de muchos esfuerzos e infinitos peligros conseguí hallar la pista de cada una y las traje aquí… Y ahora…