La Joya de las siete estrellas

La Joya de las siete estrellas

Guardó silencio. Nuevamente se apoderó de mí la misma sensación de intranquilidad que había experimentado cuando mantuvimos nuestra primera charla. Pero era preciso afrontar el asunto. Mis relaciones con la señorita Trelawny y los sentimientos de amor y devoción que me inspiraba así lo exigían. Traté de calmarme, pues sabía que Daw me miraba atentamente, y contesté:

—¿Y qué se deduce de ello?

—Pues que el robo no ha existido, sencillamente. Alguien trajo las lámparas a esta casa y las introdujo por una ventana de la planta baja. Luego las dejó en el armario, a fin de que fueran descubiertas en el momento oportuno.

Aquellas palabras produjeron en mí un intenso alivio, pues la suposición era decididamente increíble. Con la mayor gravedad posible, pregunté:

—Y ¿quién puede haberlas traído, según sus sospechas?

—Por el momento no tengo ni idea. Tal vez el mismo señor Corbeck, porque se trataba de un asunto demasiado peligroso como para confiarlo a otra persona.

—De lo que usted dice infiero que el señor Corbeck es un embustero y un farsante. Además, para engañar a alguien respecto de esas lámparas, debería estar en connivencia con la señorita Trelawny.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker