La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas La luz del sol en mi rostro me despertó. Me senté y miré alrededor. La hoguera ya estaba apagada y el campamento se hallaba desierto. No vi más que una figura humana tendida cerca de mÃ. Era la del jeque, que estaba de cara al suelo, muerto. Su rostro era casi negro y tenÃa los ojos abiertos y en ellos habÃa una expresión de espanto, como si contemplase algo horrendo. Era evidente que habÃa sido estrangulado, porque observé en su cuello las marcas rojas de unos dedos. De pronto, me llamó la atención su número, y las conté. Eran siete. Todas paralelas, exceptuando la que correspondÃa al pulgar, como si hubiesen sido hechas con una sola mano.
Aquello me dejó azorado, pues sólo podÃa ser obra de la mano de la momia, que poseÃa siete dedos. Al parecer en el desierto ocurrÃan cosas verdaderamente extraordinarias.