La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas »En el cuello de cada uno observamos unas huellas, ya ennegrecidas, de una mano de siete dedos.
»Trelawny y yo nos acercamos, temerosos y azorados. Lo más prodigioso era que, sobre el pecho de la embalsamada reina, se veía una mano de siete dedos blanca como el marfil; la muñeca sólo mostraba una cicatriz roja y sinuosa de la que aún parecían brotar gotas de sangre.