La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas »—He llegado a la conclusión de que debe de haber un serdab secreto. Fue una tontería por nuestra parte no pensar antes en ello, porque cabía suponer que quien había mandado construir esa tumba, en este caso una mujer que demostró poseer un gran sentido de la belleza y la minuciosidad, no habría pasado por alto semejante característica arquitectónica. Por consiguiente, ha de existir un serdab, y bastará descubrirlo para dar con las lámparas. Le ruego a usted que parta nuevamente rumbo a Egipto, busque la tumba, halle el serdab y traiga las lámparas.
»—¿Y si no existe tal serdab o las lámparas no están dentro de él?
»Lo vi sonreír por primera vez en muchos años, y respondió: