La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas Algo en esas últimas palabras hizo que el corazón me diera un vuelco. Estaba claro que me aceptaba como excepción. Dados mis sentimientos hacia su hija, me resultó consolador. Exultante, cerré la puerta con llave y, una vez que hube regresado junto al lecho, me dijo:
—Adelante.
Obedeciendo sus deseos, le di toda clase de detalles, incluidos los más banales, que conseguà recordar acerca de todo lo ocurrido a partir de mi llegaba a la casa. Por supuesto, no mencioné mis sentimientos con respecto a Margaret, y únicamente hablé de aquellas cosas que él sin duda ya debÃa de conocer. En lo que a Corbeck se referÃa, me limité a informar que habÃa traÃdo algunas lámparas que estuvo buscando. Añadà que más tarde las habÃa perdido para, finalmente, encontrarlas en la casa.