La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas Noté que me sonrojaba. El señor Trelawny me miraba fijamente, con expresión escrutadora. De pronto, una leve sonrisa se dibujó en sus labios, lo cual, a pesar de mi turbación, hizo que me sintiese un poco más animado. Sin duda, me hallaba en dificultades, pero debido a mi profesión estaba habituado a ello. Lo miré a los ojos y contesté:
—Mi nombre, como ya le he dicho, es Malcolm Ross; soy abogado del reino y he obtenido, como tal, algunos éxitos de importancia.
—Sí, lo sé. Ya había oído hablar bien de usted. ¿Cuándo y dónde conoció a Margaret?
—Nuestro primer encuentro tuvo lugar hace diez días, en un baile ofrecido en Belgrave Square. Luego, lady Strathconnell nos invitó a pasar un día en el campo. Fuimos de Windsor a Cookham. Mar… la señorita Trelawny iba en mi propia barca, ya que me gusta navegar. Conversamos largamente, por supuesto…
—¡Por supuesto! —exclamó él con cierto tono irónico; sin embargo no creo que tuviese la intención de intimidarme.