La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas Comencé a pensar que, puesto que me hallaba en presencia de un hombre extraordinariamente enérgico, debía mostrarme, en lo posible, firme de carácter. Mis amigos, y en ocasiones mis adversarios, aseguran que yo también soy una persona enérgica y decidida, y, dada la situación en que me encontraba, debía echar mano de estas características. De modo pues que, aun cuando mis palabras podían afectar la felicidad de Margaret, proseguí:
—El lugar donde mantuvimos esa conversación y la soledad que nos rodeaba invitaban a las confidencias. Creí tener una vislumbre de su vida interior. Al menos hasta donde le es posible a un hombre de mi edad y experiencia respecto de una muchacha como ella.
Aunque la expresión de su rostro se tornó más grave, el señor Trelawny no dijo nada. Si bien las consecuencias de mi línea de argumentación podían ser nefastas, debía continuar con ella y esforzarme por hacerlo lo mejor posible.