La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas Cuando Margaret regresó de su paseo, salà a su encuentro en el vestÃbulo. Yo confiaba en que hubiese recobrado en parte su color, pero continuaba pálida y triste. Al verme, sus ojos centellearon; me miró fijamente y preguntó:
—¿Tiene usted noticias para m� ¿Está mejor mi padre?
—SÃ. Pero ¿cómo lo ha adivinado?
—Lo he visto en su rostro. Iré ahora mismo a su lado.
Echó a correr, pero la detuve.
—Dijo que ya enviarÃa por usted en cuanto estuviese vestido.
—¿Que enviarÃa por mÃ? —exclamó asombrada—. ¿Significa eso que ha recobrado por completo el conocimiento? ¡Oh, Malcolm, no me imaginaba que las noticias fuesen tan buenas!