La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —¡De modo que ha conseguido las lámparas! —exclamó, eufórico—. Eso significa que yo estaba en lo cierto. Ahora acompáñeme a la biblioteca, donde podremos charlar a solas, y me lo explicará todo. Mientras tanto, Ross, hágame el favor de ir en busca de la llave que está en la caja de seguridad del banco para que pueda examinar esos objetos.
Luego, los tres se dirigieron hacia la biblioteca, mientras yo partÃa rumbo al banco.
Cuando regresé con la llave, los encontré conversando todavÃa, aunque ahora se les habÃa unido el doctor Winchester, quien llegó poco después de que yo me fuera. El señor Trelawny, enterado de los cuidados de que habÃa sido objeto por parte de este último, asà como de su disposición a colaborar en el cumplimiento de los deseos expresados en la carta, le rogó que se quedara a escuchar.
—Estoy seguro de que le interesará conocer el final de la historia —le dijo.
Cenamos temprano y, tras un rato de charla intrascendente, el señor Trelawny comentó:
—Creo que será mejor que nos retiremos a descansar cuanto antes. Mañana tendremos mucho de que hablar y esta noche deseo reflexionar.
El doctor Winchester se marchó, seguido del señor Corbeck. En cuanto hubieron salido, el señor Trelawny se volvió hacia mÃ.