La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas El doctor Winchester y el señor Corbeck llegaron exactamente a la hora fijada y se reunieron con nosotros en la biblioteca. A pesar de la felicidad que me embargaba, comprendí que aquella reunión era muy solemne. Yo nunca había sido testigo de acontecimientos tan extraños, y el misterio que los envolvía se cernía como una nube sobre nosotros. Por la expresión de gravedad de mis compañeros, comprendí que un solo pensamiento ocupaba sus mentes.
Instintivamente, nos sentamos en círculo. El señor Trelawny, que ocupaba el gran sillón junto a la ventana, tenía a la derecha a Margaret y a la izquierda al señor Corbeck, a cuyo lado estaba el doctor Winchester. Después de unos instantes de silencio, el padre de mi amada dijo al señor Corbeck:
—¿Lo ha comunicado todo al doctor Winchester, tal como acordamos?
—Sí, señor.
—Pues yo he puesto al corriente a Margaret —dijo el señor Trelawny—, de modo que todos estamos enterados. —A continuación, dirigiéndose al doctor, le preguntó—: ¿Debo entender que, después de todo lo que ya sabe, todavía desea participar en el experimento que espero poder realizar?