La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —En efecto. Ya me había ofrecido, sin reservas, antes de que supiese de qué se trataba, de modo que ahora por nada del mundo perdería una ocasión semejante. No se preocupe por mí, señor Trelawny. Soy hombre de ciencia e investigador de fenómenos. No tengo parientes y soy libre de hacer lo que quiera, aun cuando ello suponga poner mi vida en peligro.
El señor Trelawny asintió gravemente con la cabeza y, volviéndose hacia el señor Corbeck, le dijo: