La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —La veo en la soledad y el silencio de su poderoso orgullo, soñando con cosas muy distintas de aquellas que la rodean. Con otra tierra muy lejana bajo el dosel de la silenciosa noche, iluminada por la luz frÃa y hermosa de las estrellas. Una tierra que se extendÃa bajo la Estrella Polar, donde una suave brisa dulcificaba el ardiente aire del desierto. Una tierra muy lejana, de lujuriante verdor, en la que no habÃa sacerdotes perversos e intolerantes cuya intención era alcanzar el poder a través de los sombrÃos templos y las más sombrÃas cuevas de los muertos, a través de un interminable ritual de muerte. ¡Una tierra donde el amor no era un sentimiento rastrero sino una divina posesión del alma! Una tierra en la que tal vez existiera algún alma gemela que pudiera hablarle con unos labios mortales como los suyos; donde sus almas y sus alientos pudieran unirse en cálida comunión. Conozco este sentimiento porque lo he compartido. Puedo hablar de él ahora, pues esta dicha ha llegado a mi vida. ¡Puedo hablar pues me permite interpretar los sentimientos, los más profundos anhelos del alma de esa dulce y encantadora reina tan distinta del ambiente que la rodeaba, tan por encima de su tiempo! Cuya naturaleza, si pudiera expresarse con palabras, serÃa capaz de dominar las fuerzas del Averno, y el nombre de cuyo anhelo, a pesar de estar grabado en una joya iluminada por las estrellas, podrÃa imponerse a todo el panteón de dioses.