La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —Gracias, señor. Siempre ha sido muy considerado con sus hombres. Para mà es un placer trabajar nuevamente con usted. Debo regresar a Scotland Yard para dar parte a mis superiores. Luego iré a Chatwood, y estaré de regreso lo antes posible. Creo que tendré que trabajar aquà un dÃa o dos. Necesitaré cierta ayuda, o al menos cierto apoyo de su parte, comisario, para desvelar este misterio.
—Lo ayudaré en todo lo que pueda —intervino la señorita Trelawny.
Daw se volvió hacia ella por un segundo y luego prosiguió:
—En primer lugar, le pido permiso para examinar el escritorio de su padre; tal vez encuentre algo que nos dé una pista.
—Tiene usted permiso para hacer cualquier cosa que nos conduzca a la resolución de este problema, para descubrir qué le ocurrió a mi padre o que podrá ocurrirle en el futuro.
El sargento comenzó una búsqueda sistemática en el escritorio del señor Trelawny. En uno de los cajones encontró una carta sellada. Cruzó la habitación y se la entregó a la joven.
—¡Una carta para mÃ, escrita por mi padre! —exclamó la señorita Trelawny cogiéndola al instante.