La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —¡Se trata de una mujer, padre! ¡Y de ese modo, en este lugar! ¡Es algo cruel, cruel!
Era evidente que Margaret estaba desconsolada; tenÃa las mejillas encendidas y lágrimas de indignación nublaban sus ojos. El señor Trelawny se dio cuenta de sus sentimientos y quiso calmarla. Yo hice ademán de alejarme, pero me indicó con un gesto que me acercase. Comprendà que querÃa mi ayuda. No obstante, antes apeló a la razón.
—No se trata de una mujer, querida sino de una momia. Lleva muerta más de cinco mil años.
—¿Y eso qué importa? El sexo no es una cuestión de años. Una mujer sigue siéndolo por muchos siglos que hayan transcurrido. ¿Y os proponéis despertarla de su largo sueño? Si ha de resucitar, es posible que en realidad no esté muerta. Entre todos me habéis hecho creer que cuando se abra el cofre volverá a la vida.