La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas Mientras me dirigÃa hacia la escalera, Margaret me llamó:
—¿Adónde vas?
Volvà a su lado, la tomé de la mano y, acariciándosela, expliqué:
—Regresaré cuando hayan terminado de quitar los vendajes.
—Será mejor que te quedes —dijo—. Esto te será de gran utilidad en tu carrera de abogado. —Me miró a los ojos y sonrió, pero al instante se puso seria y añadió—: Mi padre tiene razón; es una ocasión solemne que debemos considerar con toda seriedad. Sin embargo… Da igual. Insisto en que te quedes, Malcolm. Estoy segura de que más tarde te alegrarás de ello.
Entretanto, el señor Trelawny, con la ayuda de Corbeck, levantó la tapa del sarcófago donde yacÃa la momia de la reina. Ésta era de anchura y longitud considerables, y pesaba tanto que, a pesar de que éramos cuatro, nos costó trabajo levantarla. Bajo la dirección del señor Trelawny, la tendimos sobre la mesa dispuesta al efecto.