La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas El último resplandor desapareció al fin, y consideré que había llegado el momento de hablar. Me quité la mascarilla y pregunté al señor Trelawny:
—¿Quiere que encienda la luz?
Nadie contestó. Antes de que el espeso humo me asfixiara, volví a preguntar, levantando un poco más la voz:
—Señor Trelawny, ¿quiere que encienda la luz? ¡Contésteme! ¡Si usted no me lo impide, la encenderé!
Al no obtener respuesta, pulsé el interruptor. Para mi horror, éste no obedeció. ¡Se había producido algún fallo en la corriente eléctrica! Me moví con la intención de subir corriendo por la escalera para tratar de averiguar la causa, pero no podía ver nada, pues me rodeaba la oscuridad más absoluta.