La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas Mientras hablaba, tendió una de las patas delanteras del gato para que yo la estrechase. Al hacerlo, no pude por menos de admirar su tamaño y su belleza.
—¡Caramba! —exclamé—. Su pata semeja un pequeño guante de boxeo provisto de garras.
—Es verdad. Y fÃjese usted que mi Silvio tiene siete dedos —añadió obligando al animal a abrirlos para que yo pudiese contarlos.
Mientras lo hacÃa, el animal sacó las uñas y las clavó en el dorso de mi mano. Retrocedà instintivamente y exclamé:
—¡Este animal tiene unas garras tan afiladas como navajas!
El doctor Winchester se acercó a nosotros y se inclinó sobre las patas del gato para observar sus garras. De pronto, gritó sorprendido:
—¡Vaya por Dios!