La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas De inmediato fue en busca de un trozo de papel secante, que aplicó a la palma de su mano, y, tras pedir perdón a la joven, apoyó la garra del gato sobre el papel y trazó una líneas con sus uñas. El altivo gato pareció ofendido ante aquella muestra de familiaridad, e intentó retirar la pata. Eso era precisamente lo que el doctor Winchester deseaba que hiciese, pues de ese modo trazó siete líneas en la superficie del papel. A continuación, la señorita Trelawny se llevó a su gato, y cuando al cabo de un par de minutos estuvo de regreso, dijo:
—Hay algo raro en el modo en que se comportó Silvio. La primera vez que lo traje aquí para mostrárselo a mi padre, se subió de un salto a esa mesita y trató de arañar a la momia. Mi padre se enfadó mucho y me exigió que me deshiciese de él. Sólo cuando le di mi palabra de que no volvería a ocurrir consintió que continuara en la casa.
Durante la breve ausencia de la señorita Trelawny, el doctor Winchester había retirado el vendaje de la muñeca del herido. Se veían claramente los siete cortes rojos, y el doctor, tras plegar el papel secante, acercó lo arañazos grabados en éste a los que habían lacerado la carne. Nos miró con expresión triunfal y nos hizo un ademán de que nos acercásemos. ¡Ambas marcas coincidían exactamente! No fue necesario explicar nada.