La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas —Será mejor —dijo el doctor, volviéndose hacia la señorita Trelawny— que traslademos a la enfermera a otra habitación. Supongo que no habrá ningún inconveniente.
—En absoluto. Señora Grant, compruebe que está dispuesta la habitación de la señorita Kennedy, y llame a dos criados para que la lleven hasta allÃ.
El ama de llaves salió de inmediato. Al cabo de pocos minutos regresó y dijo:
—La habitación ha sido dispuesta y los criados están aquÃ.
Dos sirvientes entraron en la estancia y tras levantar el rÃgido cuerpo de la enfermera, bajo la supervisión del doctor Winchester, se la llevaron. La señorita Trelawny permaneció de guardia conmigo y la señora Grant fue con el doctor Winchester a la habitación de la enfermera.
Una vez a solas, la joven se acercó a mà y, tomando mis manos entre las suyas, susurró:
—ConfÃo en que no me guarde usted rencor por las palabras que le dirigÃ. Evidentemente, no las tenÃa todas conmigo.