La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas En cuanto se puso el sol, la ansiedad extraña y profunda se apoderó de nosotros, y cada uno por separado se preparó para la vigilia. El doctor Winchester decidió seguir mi ejemplo y me preguntó dónde había conseguido la mascarilla de oxígeno. Incluso tuvo la idea de persuadir a la señorita Trelawny. Una vez que los tres estuvimos protegidos contra aquellos efluvios misteriosos, nos dispusimos a pasar la noche.