La Joya de las siete estrellas
La Joya de las siete estrellas Todos regresamos a la habitación del señor Trelawny. Cuando entramos, la señora Grant y la enfermera se marcharon, de modo que sólo quedamos el doctor Winchester, Margaret y yo. Aquél me preguntó de inmediato qué habÃa ocurrido. Le di un relato exacto y detallado, hasta donde podÃa recordar. Me hizo varias preguntas para aclarar ciertos puntos que no le habÃan quedado claros. Luego, dirigiéndose a la señorita Trelawny, le dijo con tono grave:
—Creo que en este caso serÃa mejor que consultásemos a otro profesional.
—Me alegra que lo mencione —respondió ella, algo sorprendida—. Y se lo agradezco. ¿Se le ocurre alguien?
—¿Y a usted? —replicó Winchester—. ¿Sabe de algún médico a quien su padre conociera?
—Creo que no. Pero estaré de acuerdo con quien usted elija. Mi pobre padre debe contar con toda la ayuda que se merece, y yo me siento obligada a ello. ¿Cuál es el mejor especialista de Londres?