Poemas de amor
Poemas de amor LIII
Por veces te propuse viajes absurdos. —Vámonos, te dije, a donde estemos solos, el clima sea suave y buenos los hombres. Te veré al despertarme y desayunaremos juntos. Luego nos iremos descalzos a buscar piedras curiosas y flores sin perfume. Durante la siesta, tendida en mi hamaca bajo las ramas —huesos negros y ásperos de los árboles adulzurados por la piedad blanda de las hojas— me dormiré para soñarte. Cuando despierte, más cerca aún que en el sueño, te hallaré a mi lado. Y de noche me dejarás en la puerta de mi alcoba.
LIV
Sentados en un banco, ¿cuántas horas?, no me atrevÃa a tomarte las manos. Y En la blusa de mi vestido de primavera cayeron, al fin, pesadas, mis lágrimas. Y El género las absorbió en silencio, allà mismo, donde está el corazón.
LV
Una tarde, paseando por debajo de grandes árboles, sobre un colchón de tierra amarillenta, tan muelle como harina cernida, di en mirar el cielo. Y Lo atravesaban delgadas, inmateriales nubes blancas y me entretuve en tejer, con ellas y en ellas, las lÃneas de tu cara.
LVI