La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Oye, Sol —dijo— ¿aquel hombre va a cruzar los barriles esta noche?
—Dijo que lo intentarÃa, si la prudencia lo permitÃa —dijo el hombre.
—Hay un hombre que vive cerca de aquà que va a cruzar esta noche con un carretón, si se atreve; vendrá a cenar esta noche, asà que siéntese a esperar. Qué niño más mono —añadió la mujer, ofreciéndole un pastel a éste.
Pero el niño, agotado del todo, lloraba de cansancio.
—¡Pobre criatura! No está acostumbrado a caminar, y le he metido mucha prisa —dijo Eliza.
—Llévelo a este cuarto —dijo la mujer, abriendo un pequeño dormitorio donde se veÃa una cómoda cama. Eliza tendió al muchacho cansado en ella y le cogió la mano hasta que se quedó dormido del todo. Ella no habÃa de descansar. Como fuego en los huesos, la idea de su perseguidor le infundÃa prisas por seguir adelante, y miró con ojos anhelantes las aguas turbulentas que se extendÃan entre ella y la libertad.
En este punto debemos despedimos de ella de momento para seguir los pasos de sus perseguidores.