La Cabaña del tío Tom

La Cabaña del tío Tom

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Aunque la señora Shelby había prometido que la comida iría enseguida a la mesa, pronto se vio, como muchas veces se ha visto, que el hombre propone y Dios dispone. Así que, aunque la orden fue dada en presencia de Haley y transmitida a la tía Chloe por lo menos por media docena de mensajeros juveniles, esta dignataria sólo respondió con algunos resoplidos muy serios y una sacudida de cabeza y se puso a realizar cada operación de una forma inusitadamente pausada y minuciosa.

Por algún motivo extraño, los sirvientes parecían compartir la impresión general de que al ama no le molestaría mucho alguna tardanza; y fue asombroso el número de accidentes que ocurría uno tras otro para retrasar la marcha de las cosas. Una criatura desgraciada logró derramar la salsa, por lo que hubo de prepararla de novo[7], con todo esmero y cuidado, con la tía Chloe vigilándola y removiéndola con tenaz precisión, respondiendo, cada vez que le metían prisa, que «ella no iba a servir una salsa a medio ligar en la mesa a instancias de nadie». Alguien se cayó al llevar el agua, y tuvo que volver a la fuente a por más; otro, en medio del caos, dejó caer la mantequilla; y de vez en cuando llegaban a la cocina, entre risitas, noticias de que «el señor Haley estaba muy inquieto; que no sabía estarse sentado en la silla, sino que paseaba a zancadas hasta las ventanas y por el porche».


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