La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Es la naturaleza, Chloe, y la naturaleza es fuerte —dijo Tom—, pero la gracia del Señor es más fuerte; además, deberÃas pensar en el estado del alma de una pobre criatura capaz de hacer esas cosas, deberÃas dar gracias al Señor porque tú no eres como él, Chloe. Yo sé que preferirÃa que me vendieran diez mil veces a tener que rendir cuentas por lo mismo que esa pobre criatura.
—Yo también lo preferirÃa —dijo Jake—. Señor, ¿no lo preferimos, Andy?
Andy se encogió de hombros y silbó en conformidad.
—Me alegro de que no se haya marchado el amo esta mañana, como tenÃa pensado —dijo Tom—; eso me dolió más que el venderme, ya lo creo. Puede que fuera lo natural para él, pero a mà me hubiera resultado durÃsimo, que lo conozco desde que era un niño; pero he visto al amo y empiezo a reconciliarme con la voluntad de Dios. El amo no pudo remediarlo; hizo bien, pero tengo miedo de que las cosas se echen a perder cuando yo no esté. No se puede esperar que el amo ande husmeando por todas partes, como yo hago, para tenerlo todo bajo control. Los muchachos tienen muy buenas intenciones, pero son muy descuidados. Eso me preocupa.
En esto sonó la campana llamando a Tom al salón.