La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom Sam se puso en marcha en el acto, ingeniándoselas para hacerle cosquillas a Andy al mismo tiempo, lo que provocó que Andy rompiese a reÃr, con gran indignación de Haley, que le golpeó con la fusta.
—Me asombras, Andy —dijo Sam, con formidable gravedad—. Éste es un asunto serio, Andy. No debes tomarlo a broma. Asà no ayudarás al amo.
—Tomaré el camino del rÃo —dijo Haley con decisión, cuando llegaron a los confines de la hacienda—. Conozco las costumbres de éstos: siguen las pistas de la ruta clandestina[8].
—Desde luego —dijo Sam—, asà es. El señor Haley ha dado en el clavo. Bien, hay dos caminos para ir al rÃo, la carretera de tierra y la cañada, ¿cuál va a tomar el señor?
Andy miró inocente a Sam, sorprendido por este nuevo dato geográfico, pero confirmó inmediatamente lo que dijo, repitiéndolo con vehemencia.
—Porque —dijo Sam—, yo me inclino a creer que Lizy irÃa por el camino de tierra, ya que va menos gente por él.
Haley, aunque era un pájaro viejo y desconfiaba por naturaleza de la broza, estaba bastante impresionado con esta visión del asunto.
—Si no fuerais tan embusteros los dos… —dijo, al deliberar contemplativo durante un momento.