La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Bueno, pues, un amigo mÃo se va a dedicar a este negocio y quiere comprar muchachos guapos y criarlos para el mercado. Sólo de primera calidad, para venderlos como camareros y cosas asà a los ricos, a los que pueden pagar por los guapos. Realza la calidad de una de estas casas solariegas tener a un muchacho realmente guapo para abrir la puerta y servir. Se pagan bien; y este diablillo es un niño tan gracioso y dotado para la música, que serÃa perfecto.
—Prefiero no venderlo —dijo el señor Shelby pensativo—. El caso es que soy un hombre humanitario y no me gustarÃa quitarle el hijo a su madre, señor.
—No me diga; vaya, algo parecido, ya, lo comprendo perfectamente. Es muy desagradable tener tratos con las mujeres a veces, a mà no me gusta nada que se pongan a gritar y a chillar. Son muy desagradables; pero yo, como soy hombre de negocios, evito tales escenas. Bien, aleje usted a la muchacha un dÃa, o una semana o asÃ; se hace la operación discretamente y todo habrá acabado antes de que vuelva. Su esposa podrÃa comprarle pendientes, o un vestido nuevo, o algo asÃ, para compensarle.
—Me temo que no.