La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Vaya —dijo Loker, con un grandÃsimo juramento, golpeando la mesa con su pesado puño—, si no le conozco bien a usted, Dan Haley. ¡A mà no me va a engañar! ¿Se cree que Marks y yo nos dedicamos al negocio de atrapar negros sólo para hacer favores a señores como usted, sin sacar nada para nosotros? ¡Por nada del mundo! Nos quedaremos con la muchacha sin discusión, y usted se callará o nos quedaremos con los dos… ¿qué nos lo impide? ¿No nos ha mostrado usted el camino? Nosotros somos tan libres como usted para hacer lo que nos dé la gana. Si usted o Shelby nos quieren perseguir, busque donde estaban las perdices el año pasado; si las encuentra, ¡mejor para usted!
—Bueno, bueno, olvidémoslo —dijo Haley, alarmado—. Ustedes cojan al niño a cambio del trabajo; siempre me ha tratado con justicia, Tom, y ha cumplido su palabra.
—Ya lo sabe —dijo Tom—; no asumo ninguna de sus mojigaterÃas, pero llevo honradamente mis cuentas hasta con el mismÃsimo diablo. Lo que digo que haré, lo hago, y usted lo sabe, Dan Haley.
—Asà es, asà es, ya lo he dicho, Tom —dijo Haley—; y si promete tener al niño dentro de una semana en cualquier lugar que usted diga, eso es lo único que quiero.