La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Lo más probable —dijo Marks— es que la hayan acogido en algún lugar; pero la cuestión es ¿dónde? ¿Qué opinas, Tom?
—Debemos cruzar el rÃo esta noche, sin duda —dijo Tom.
—Pero no hay ninguna barca —dijo Marks—. El hielo se mueve mucho, Tom, ¿no es peligroso?
—No sé nada de eso, sólo que hay que hacerlo —dijo Tom con decisión.
—Vaya por Dios —dijo Marks, inquieto—, pues, yo creo —dijo, acercándose a la ventana— que está tan oscuro como boca de lobo y, Tom…
—Resumiendo, que tienes miedo, Marks, pero no puedo remediar eso; tienes que ir. Supongo que quieres esperar un dÃa o dos antes de emprender el camino, hasta que a la muchacha la hayan llevado clandestinamente a Sandusky.
—Yo no tengo nada de miedo —dijo Marks—, es sólo…
—¿Sólo qué? —preguntó Tom.
—Pues la cuestión de la barca. Ya ves que no hay ninguna barca.
—He oÃdo decir a la mujer que venÃa una esta noche y que iba a cruzar un hombre en ella. Por peligroso que sea, debemos ir con él.
—Supongo que tienen buenos perros —dijo Haley.