La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Este gran personaje echó una mirada desconsolada al confortable aposento que tenía que abandonar, pero se levantó despacio para obedecer. Después de intercambiar unas palabras más sobre los planes, Haley, de muy mala gana, dio a Tom los cincuenta dólares y se despidieron los tres prohombres.
Si alguno de nuestros lectores refinados y cristianos se molestan por la sociedad en la que esta escena les introduce, les rogamos que hagan un esfuerzo por vencer sus prejuicios. El negocio de cazar negros, nos atrevemos a recordarles, está en vías de convertirse en una profesión legal y patriótica. Si toda la tierra que va de Misisipí al Pacífico deviene un gran mercado de cuerpos y almas y la propiedad humana refrena las tendencias progresistas del siglo XIX, puede que el tratante y el cazador aún se conviertan en parte de nuestra aristocracia.
Mientras transcurría esta escena en la taberna, Sam y Andy iban camino de su casa en un estado de felicidad extrema.