La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Pero, Sam, me has dicho esta misma mañana que ibas a ayudar a este señor Haley a coger a Lizy; me parece a mà que lo que dices no cuadra —dijo Andy.
—Te digo ahora, Andy —dijo Sam, con tremenda superioridad—, que no hables de lo que no entiendes; los chicos como tú, Andy, tenéis buenas intenciones, pero no se puede esperar que colusitéis[12] los grandes principios de acción.
Andy puso cara de increpado, especialmente por la dificilÃsima palabra «colusitar», que, para la mayorÃa de los miembros juveniles de la compañÃa, pareció dar punto final al argumento, mientras que Sam prosiguió.
—Eso era conciencia, Andy; cuando pensé en ir tras Lizy, creÃa realmente que lo querÃa el amo. Cuando me di cuenta de que el ama querÃa lo contrario, era más conciencia todavÃa, pues siempre se saca más quedándose de parte de las señoras, asà que ya ves que soy persistente de cualquier forma y sigo la conciencia y me adhiero a los principios. SÃ, principios —dijo Sam, agitando entusiasta un cuello de pollo—, ¿para qué sirven los principios si no somos persistentes? Quiero saberlo. Toma, Andy, puedes tomarte este hueso; queda algo de carne.
Ya que el público de Sam estaba pendiente de sus palabras, no tuvo más remedio que seguir.