La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Desde luego que sà —dijo Sam, levantándose repleto de cena y gloria, para la perorata final—. SÃ, camaradas y damas del sexo contrario en general, tengo principios, y estoy orgulloso de tenerlos; pues son necesarios en esta época y en todas las épocas. Tengo principios y me adhiero a ellos muy fuerte, sigo cualquier cosa que me parece un principio; no me importarÃa que me quemaran vivo; me acercarÃa a la hoguera y dirÃa: «aquà estoy para derramar mi sangre por mis principios, por mi patria, por los intereses de la sociedad en general».
—Bueno —dijo la tÃa Chloe—, uno de tus principios tendrá que ser acostarte a alguna hora de la noche y no tener a todo el mundo levantado hasta el amanecer; vamos, todos los pequeños que no queráis cobrar, más vale que os esfuméis deprisa.
—Negros todos —dijo Sam, moviendo la hoja de palmera con benignidad—, os doy mi bendición; idos a la cama, ahora, como buenos muchachos.
Y, con esta patética bendición, se dispersó la reunión.