La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Está lejÃsimos, ¿no? —dijo la mujer con intensidad.
—Mucho más lejos de lo que usted cree, ¡pobre hija! —dijo la señora Bird—; pero intentaremos pensar qué podemos hacer por usted. Bien, Dinah, prepárale una cama en tu propio cuarto junto a la cocina y yo pensaré en lo que podremos hacer por ella mañana. Mientras tanto, no tema, pobre mujer; confÃe en Dios; Él la protegerá.
La señora Bird y su marido regresaron al salón. Ella se sentó en su pequeña mecedora ante el fuego, donde se balanceaba. El señor Bird paseaba arriba y abajo por la habitación, murmurando para sus adentros: «¡Vaya! ¡Caramba! ¡Mal asunto! ¡DifÃcil asunto!». Finalmente se acercó a su mujer y le dijo:
—Oye, esposa, tendrá que marcharse de aquà esta misma noche. Ese hombre le seguirá la pista mañana por la mañana a primera hora. Si se tratara sólo de la mujer, podrÃa esconderse aquà hasta que se acabe todo; pero al pequeño estoy seguro de que ni un regimiento podrÃa mantenerlo quieto. El los delatará asomando la cabeza por una puerta o ventana. ¡En buen apuro me encontrarÃa yo si los cogieran aquà ahora precisamente! No, no; se tienen que marchar esta noche.
—¿Esta noche? ¿Cómo es posible? ¿Adónde?