La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Mamá —dijo uno de los niños, tocándole suavemente el brazo—, ¿vas a regalar esas cosas?
—Queridos niños —dijo ella seriamente en voz queda—, si nuestro querido Henry mira desde el cielo, estará encantado de que lo hagamos. No serÃa capaz de regalarlas a una persona cualquiera… a una persona feliz, pero las regalo a una madre más triste y desconsolada que yo, y espero que Dios la bendiga también.
Existen en este mundo algunas almas benditas, cuyas penas se convierten en alegrÃas para los demás y cuyas esperanzas terrenales, colocadas en la tumba con abundantes lágrimas, son una semilla de la que brotan flores y bálsamos curativos para los desolados y los afligidos. Se contaba entre ellas esta mujer delicada que está ahà sentada junto a la lámpara, derramando lágrimas mientras prepara los recuerdos de su hijo perdido para la nómada desterrada.
Después de un rato, la señora Bird abrió un armario y, sacando un par de vestidos sencillos y prácticos, se sentó a la mesa de labores armada con una aguja, unas tijeras y un dedal e inició el proceso de «sacar» que habÃa recomendado su marido, y siguió ocupada en estos menesteres hasta que el viejo reloj del rincón dio las doce y oyó el traqueteo de las ruedas en la puerta.