La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Bien, si debe marcharse, le acompañaré un trecho, para enseñarle una carretera alternativa que le llevará mejor que la que ha cogido para venir aquÃ. Esa carretera es muy mala.
John se preparó y, linterna en mano, pronto se le pudo ver guiando el carruaje del senador hacia una carretera que iba por una hondonada detrás de su vivienda. Cuando se despidieron, el senador le tendió un billete de diez dólares.
—Es para ella —dijo escuetamente.
—Ya, ya —dijo John, con la misma parsimonia.
Se estrecharon la mano y se separaron.