La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom El hombre silbó al niño y le ofreció un trozo de caramelo, que éste agarró con entusiasmo y colocó enseguida en el almacén general de todos los niños, es decir, la boca.
—¡Qué listo! —dijo el hombre—. ¡Sabe lo que se hace! —silbó y se marchó. Cuando llegó al otro lado del barco, se encontró con Haley, que fumaba encima de un montón de ajas.
El forastero sacó una cerilla y encendió un puro, diciendo al mismo tiempo:
—Guapa muchacha la que tiene usted ahÃ, forastero.
—Pues, supongo que es bastante guapa —dijo Haley, expeliendo el humo por la boca.
—¿La lleva usted al sur? —preguntó el hombre.
Haley asintió y siguió fumando.
—¿Para trabajar en una plantación? —preguntó el hombre.
—Bien —dijo Haley—, estoy reuniendo el pedido de una plantación y creo que la incluiré. Me han dicho que es buena cocinera, asà que pueden usarla para eso o para recoger algodón. Tiene los dedos adecuados para eso: los he mirado. La venderé bien, en cualquier caso y Haley volvió a fumar.
—No querrán al niño en la plantación —dijo el hombre.