La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Lo venderé a la primera oportunidad —dijo Haley, encendiendo otro cigarro.
—Supongo que lo venderá bastante barato —dijo el forastero, encaramándose en la pila de cajas y sentándose cómodamente.
—Pues no lo sé —dijo Haley—; es un chiquillo muy listo, bien formado, gordo y fuerte; tiene la carne prieta como un ladrillo.
—Es verdad, pero están la molestia y el gasto de criarlo.
—¡TonterÃas! —dijo Haley—. Éstos se crÃan tan fácilmente como cualquier otra criatura; no dan más guerra que los cachorros. Este pequeñito estará correteando por ahà dentro de un mes.
—Yo tengo un buen sitio para criarlos y estaba pensando en coger más género —dijo el hombre—. Una cocinera perdió a un hijo la semana pasada, se ahogó en la palangana de la colada mientras ella tendÃa la ropa, y creo que serÃa buena idea ponerla a criar a éste.
Haley y el forastero fumaron un rato en silencio, ya que ninguno de los dos aparentaba querer tocar el tema principal de la conversación. Finalmente el hombre prosiguió:
—No se le ocurrirá pedir más de diez dólares por ese niño, ya que tiene usted que deshacerse de él, ¿verdad?