La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¿Aún piensas ir al Canadá, Eliza? —preguntó mientras repasaba los melocotones.
—SÃ, señora —dijo Eliza con resolución—. Debo seguir adelante. No me atrevo a detenerme.
—¿Y qué harás cuando llegues allÃ? Debes pensar en eso, hija mÃa.
«Hija mÃa» salÃa con naturalidad de la boca de Rachel Halliday, pues tenÃa un rostro y un tipo que hacÃan pensar que «madre» era la palabra más natural del mundo.
Temblaron las manos de Eliza y cayeron algunas lágrimas sobre su labor; pero respondió firmemente:
—Haré… lo que encuentre. Espero encontrar algo.
—Sabes que puedes quedarte aquà todo el tiempo que quieras —dijo Rachel.
—Oh, gracias —dijo Eliza—, pero —señaló a Harry— no duermo por las noches, no consigo descansar. Anoche soñé que vi a un hombre entrar al corral —dijo con un escalofrÃo.
—¡Pobre niña! —dijo Rachel, secándose los ojos—; pero no debes sentirte asÃ. El Señor lo ha dispuesto de manera que nunca hayan cogido a un fugitivo en nuestra aldea. ConfÃo en que tu hijo no vaya a ser el primero.