La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Encantada de conocerte, Eliza —dijo Ruth, estrechándole la mano como si Eliza fuera una vieja amiga a la que esperaba desde hacÃa tiempo—; y éste es tu querido muchacho: le he traÃdo un pastel —dijo ofreciendo un pequeño pastel en forma de corazón al niño, que se aproximó mirando a través de sus rizos y lo aceptó tÃmidamente.
—¿Dónde está tu bebé, Ruth? —preguntó Rachel.
—Oh, ya viene; lo cogió Mary cuando venÃamos hacia aquà y se lo llevó corriendo al granero para mostrarlo a los chicos.
En este momento se abrió la puerta y entró Mary, una muchacha honesta y rosada con grandes ojos castaño como los de su madre, llevando el bebé.
—¡Ajá! —dijo Rachel, acercándose para coger en brazos al niño blanco y relleno—. ¡Qué buen aspecto tiene y cómo crece!