La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Oh, está mejor —dijo Ruth—; he ido a verla esta mañana; le he hecho la cama y le he ordenado la casa. Leah Hills ha ido esta tarde para prepararle pan y bollos para algunos dÃas, y yo me he comprometido a volver esta tarde para levantarla.
—Iré yo mañana para hacerle la limpieza y repasarle la costura —dijo Rachel.
—Eso está bien —dijo Ruth—. Me he enterado —añadió— de que está enferma Hannah Stanwood. John estuvo allà anoche y yo debo ir mañana.
—John puede venir aquà a comer si quieres quedarte todo el dÃa —sugirió Rachel.
—Gracias, Rachel; ya veremos mañana. Aquà viene Simeon.
Entró Simeon Halliday, un hombre alto y musculoso, con chaqueta y pantalón grises y un sombrero de ala ancha.
—¿Cómo estás, Ruth? —preguntó cálidamente, extendiendo la mano ancha para recibir su manita regordeta—; ¿y cómo está John?
—John está bien, y toda la familia también —dijo Ruth alegremente.
—¿Alguna noticia, padre? —preguntó Rachel mientras ponÃa las galletas en el horno.