La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Allí estaba la bella Evangeline, algo más pálida que el día anterior pero por lo demás sin mostrar ninguna huella del accidente que había sufrido. A su lado había un joven elegante y de proporciones armoniosas, con el codo apoyado de forma displicente en una bala de algodón y una gran libreta abierta delante de él. Era evidente, sólo con mirarlo, que se trataba del padre de Evangeline. Tenía la misma forma noble de cabeza, los mismos ojos grandes y azules; sin embargo, la expresión era totalmente diferente. En los grandes ojos límpidos y azules de él, aunque tenían exactamente la misma forma y el mismo color, faltaba la profundidad de expresión soñadora y romántica; todo era claro, gallardo y luminoso, pero con una luz totalmente de este mundo; la boca de bellas proporciones tenía una expresión orgullosa y un poco sarcástica, mientras que cada uno de los elegantes movimientos de su bello cuerpo delataba, no sin gracia, un aire de despreocupada superioridad. Estaba escuchando con un aire festivo e indiferente, mitad cómico, mitad desdeñoso, a Haley, que se explayaba volublemente sobre las cualidades de la mercancía por la que regateaban.