La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom El matrimonio disfrutaba de su luna de miel y se hallaba celebrando una recepción para un brillante círculo de amigos en su magnífica villa junto al lago Pontchartram, cuando un día le llevaron una carta escrita con esa letra tan bien recordada. Se la entregaron en medio del torbellino alegre y ocurrente de la conversación, en una sala repleta de personas. Se puso mortalmente pálido cuando vio la letra pero mantuvo la compostura y completó el asalto lúdico de chanzas que llevaba a cabo en ese momento con la dama que tenía enfrente; poco después, lo echaron de menos en el círculo. Solo en su habitación, abrió y leyó la carta, que ahora no servía para nada leer. Era de ella, y le contaba con detalle la persecución que había sufrido a manos de la familia de su tutor, para conseguir casarla con el hijo de éste; y narraba cómo, durante mucho tiempo, las cartas de él habían dejado de llegar; cómo ella había escrito una y otra vez, hasta que empezó a cansarse y a dudar; cómo se había resentido su salud por la ansiedad padecida y cómo, por fin, había descubierto todo el fraude a que los habían sometido tanto a él como a ella. La carta acababa con una nota de esperanza y gratitud y profesiones de amor eterno, más amargas para el desgraciado joven que la muerte. Le escribió inmediatamente: